El CCFN continúa colaborando con Oceanía en las negociaciones de comercio entre la UE y Australia y la UE y Nueva Zelanda

marzo 2nd, 2020

Australia y Nueva Zelanda se encuentran en mitad de las negociaciones de un tratado de libre comercio con la Unión Europa, en el que las indicaciones geográficas (IG) se han convertido en el centro del debate. La UE ha propuesto proteger 171 nombres de IG en Australia y Nueva Zelanda, entre ellos algunos tan utilizados como feta, asiago y prosecco.

Dairy Australia, miembro del CCFN, ha indicado que, si se incorporan al tratado con la UE las IG lácteas, pueden verse afectados productos locales cuyas ventas agregadas anuales se calculan en más de 650 millones de dólares.

Este mes de enero, el CCFN, junto con un miembro del CCFN activo en Australia, se reunió con funcionarios de la Embajada de Australia en Washington, D.C. para subrayar la necesidad de proteger los términos genéricos en las negociaciones del tratado. El mes pasado un representante del CCFN asistió a una sesión informativa a cargo de los principales negociadores de la UE y Australia. Durante la misma, la negociadora australiana Alison Burrows repitió enfáticamente que Australia no había aceptado la protección de ninguna IG ni la forma, si la hubiera, que adoptaría tal protección, y que su gobierno estaba teniendo en cuenta las quejas aducidas en las más de 400 oposiciones al tratado de libre comercio que se han presentado, muchas de ellas relacionadas con los nombres comunes. Durante el turno de preguntas, el CCFN defendió la necesidad de proteger los nombres comunes y la necesidad de un proceso vigoroso de oposición que respete las debidas garantías. Entre el resto de los participantes que expresaron su preocupación se encontraba el Dr. Geoffrey Annison de Australian Food & Grocery Council, que mencionó la falta de coherencia a la hora de decidir los términos con derecho a protección, incluso dentro de la UE. Describió una tendencia furtiva a intentar abarcar también otros términos relacionados y preguntó por las garantías que podían ofrecer los negociadores para que el tratado de libre comercio alentara a las industrias a crecer en un espíritu colaborativo y competitivo, en lugar de intentar acotar el mercado para los fabricantes de la UE.

No hay certeza de que todo esto se resolverá en 2020. La UE ha aplazado las conversaciones sobre acceso al mercado de productos agrícolas conflictivos hasta que acaben las negociaciones del tratado.