El presidente del CCFN urge a la Casa Blanca a que aborde el déficit comercial del queso por culpa de los abusos de las IG

junio 6th, 2019

La Administración Trump debería tomar medidas para abordar las desigualdades en las oportunidades de venta de queso entre los Estados Unidos y la Unión Europea, en vista especialmente de la práctica contraria al comercio de esta última de abusar la política de indicaciones geográficas (IG) para monopolizar los nombres genéricos del queso con el fin de atajar la competencia en sus mercados nacionales, así como en el resto del mundo. Este es el mensaje que contenía una carta del presidente del CCFN, Errico Auricchio, dirigida al Presidente Trump en mayo.

«El de Estados Unidos es un mercado lácteo extremadamente rentable para la Unión Europea; debemos aprovechar ese poder para corregir este desequilibrio profundamente frustrante» —escribe Auricchio—. «Le urjo a aprovechar todos los medios a su alcance para remediar esta situación. Como mínimo, pensemos en imponer la misma restricción sobre ellos que ellos imponen sobre nosotros: exigirles que no vendan quesos con esos nombres en nuestro mercado, mientras nosotros no podamos hacerlo en el suyo».

La carta también afirma que el mercado estadounidense es el principal mercado para el queso europeo, con un total aproximado de $1.000 millones en ventas anuales, pero que la UE obstaculiza la competencia de Estados Unidos en muchas categorías de queso, lo que contribuye a un déficit masivo de $1.600 millones en el comercio lácteo entre las dos regiones.

«Los europeos pueden vender su asiago, parmesano, feta, etc. en Wisconsin, pero las queserías como la mía no pueden vender quesos de Wisconsin con los mismos nombres en Europa» —escribe Auricchio, al tiempo que apunta a que es especialmente agravante que mientras a nosotros se nos impide entrar a su mercado, que incluye algunas de las naciones que más queso consumen del mundo, Estados Unidos permite que las empresas de la UE vendan queso con sus nombres en nuestro lucrativo mercado estadounidense, en competencia con nosotros por nuestros propios consumidores.

El mismo día que Trump recibió la carta de Auricchio, el senador Chuck Grassley (R-Iowa) publicó un artículo de opinión en Politico en el que urgía a la acción contra los abusos de las IG al ser barreras desleales para el comercio. El senador Grassley es el presidente del Comité de Finanzas del Senado y miembro del Comité de Agricultura de esta misma cámara.

«La UE ha querido excluir los productos agrícolas de EE. UU. de los mercados europeos y de terceros mediante el uso de las normas de etiquetado conocidas como indicaciones geográficas» —escribió Grassley—. «Al impedir que los productores agrícolas estadounidenses utilicen nombres comúnmente aceptados, las indicaciones geográficas suponen un obstáculo a su capacidad para comercializar sus productos en otros países».

Cabe mencionar que el New York Times citó la carta de Auricchio en un artículo del 22 de mayo sobre las complicaciones del comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Una de las principales formas en que la UE bloquea la competencia estadounidense es impidiendo que países fuera de su bloque comercialicen dentro de Europa quesos con nombres comunes como parmesano, que para la UE están protegidos por una IG. Los Estados Unidos vienen defendiendo desde hace tiempo que la protección de una IG como «Parmigiano Reggiano» no debe abarcar términos genéricos como «parmesano», que queserías de todo el mundo utilizan desde hace generaciones. El texto completo de la carta de Auricchio al presidente Trump se encuentra en la página web del CCFN.